Una de sus virtudes nada desdeñable, la Tierra Blanca no requiere ningún mantenimiento.
Calentando su horno, las materias grasas y acumulaciones naturales debidas a la cocción anterior se eliminan por el fuego y dejan un horno limpio y cuidado. Se trata del fenómeno de la pirolisis.
La recuperación del aspecto interior blanco original es su garantía sanitaria.